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Defensa del Juez Garzón

Juez Garzón: ¡ Verguenza España !

Fecha de publicación: 14 abril, 2010

Varios medios del mundo han publicado editoriales en los que rechazan con vehemencia el procedimiento penal que el Tribunal Supremo ha abierto al juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, por un presunto delito de prevaricación, al investigar las desapariciones durante el franquismo. Prestigiosos periódicos comentan en sus editoriales que el juez español saltó al estrellato judicial cuando en 1998 emitió una orden de arresto contra el general y ex jefe del Estado chileno, Augusto Pinochet, cuando se encontraba en Londres, basándose en la jurisdicción universal. La tesis del editorial es contraria a este concepto, y en este contexto es en el que defiende el proceso penal emprendido a Garzón.

Defensa

El ‘The Wall Street Journal’ puntualiza que la causa de Garzón a Pinochet supuso la “anarquía legal y la discordia internacional”, y enumera otros procesos penales abiertos por la Justicia española sobre causas internacionales. Asimismo, tilda a Garzón de “juez hiperactivo” y señala las causas que abrió sobre Bin Laden, los militares argentinos o el primer ministro italiano Silvio Berlusconi.

Otros diarios creen que “la estrella de Garzón se está empezando a apagar” y recalcan que el Congreso ha tratado de frenar el “entusiasmo extraterritorial” de los jueces, al limitar su competencia a los casos que tengan alguna conexión con ciudadanos españoles.

El juez Garzón va a hacer frente a su procesamiento y, si resulta declarado culpable, a una prohibición del ejercicio profesional de hasta 20 años. Según ‘The Wall Street Journal’ dice que la ultraconservadora derecha española espera que los jueces imitadores de Garzón no sigan su ejemplo. Es importante tu comentario en este foro, tu comunidad desea involucrarte en este delicado tema. Di no a la impunidad, hayan transcurrido ochenta o noventa años, hay aun franquistas que participaron de la matanza y genocidio de miles de sus propios paisanos.

Sindicatos, intelectuales, clase media y universitarios

Los sindicatos españoles UGT y CCOO movilizaron hoy martes 13 a varios miles de personas en Madrid para denunciar “la persecución” contra el juez Baltasar Garzón, y pedir que no sea una nueva víctima del franquismo y “de los hijos de la dictadura”. En un acto celebrado en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), miles de personas entre ellos sindicalistas, intelectuales, actores y políticos de izquierdas manifestaron su apoyo a Garzón.

El juez tiene muchas posibilidades de sentarse en el banquillo por haberse declarado competente para investigar los crímenes y desapariciones durante la Guerra Civil española (1936-1939) y la posterior dictadura del general Francisco Franco (1939-1975). Un magistrado del Tribunal Supremo de España, Luciano Varela, instruye las querellas que el sindicato Manos Limpias y Falange Española de las JONS, ambos de extrema derecha, presentaron contra Garzón por intentar abrir la citada investigación.

Garzón, juez de la Audiencia Nacional española, ha recurrido ante el Tribunal Supremo el auto que adelanta que se le abrirá juicio oral por declararse competente para investigar esos crímenes. Si prospera el auto judicial, el juez, que logró fama internacional al procesar en 1998 al dictador chileno Augusto Pinochet, tendrá que sentarse en el banquillo por un presunto delito de prevaricación.

En el homenaje celebrado en la UCM, el secretario general de UGT, Cándido Méndez, calificó la apertura de la investigación contra Garzón como una auténtica “vergüenza histórica” instigada por los “hijos de la dictadura”, que pretenden que ese régimen “siga impune” y que el juez se convierta en otra víctima del franquismo.

Por su parte, el secretario general de CCOO, Fernández Toxo, subrayó que ambos sindicatos no cuestionan la Transición de la dictadura a la democracia en España, pero sí pretenden “restablecer y recuperar” la memoria de las víctimas. De esta forma, Toxo aludió a las declaraciones de la secretaria secretaria general del conservador Partido Popular (PP, principal fuerza de la oposición), María Dolores de Cospedal, que calificó el acto de UGT y CCOO como un “atentado” contra la democracia, y dijo que es “una barbaridad” poner “en tela de juicio” la Transición.

Se da la circunstancia de que Garzón participó en la instrucción del “caso Gürtel”, uno de los mayores escándalos de corrupción política de la historia democrática española, que implica a dirigentes del PP. Otro de los asistentes al homenaje fue el ex fiscal español Anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo, que se llevó los mayores aplausos del numeroso auditorio tras un discurso en el que denunció “el atropello impropio de un Estado democrático”. Además, el ex fiscal acusó a los magistrados del Tribunal Supremo de ser un instrumento de la “actual expresión del fascismo español”, por admitir las querellas de Falange Española y Manos Limpias.

Un grupo de madres y abuelas de la Plaza de Mayo, que lucharon por los desaparecidos en la dictadura militar argentina (1976-1983), y representantes de las asociaciones españolas que defienden la recuperación de la Memoria Histórica también asistieron al acto. Los hechos por los que el Garzón está encausado se remontan a 2008, cuando se declaró competente para juzgar las desapariciones ocurridas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, para lo que ordenó la apertura de algunas fosas donde se sospecha que pueden haber sido enterradas miles de personas desaparecidas en esa época. El juez Luciano Varela le acusa de haber ignorado la existencia de la Ley de Amnistía promulgada en España en 1977.

Aumentan reacciones de apoyo masivo

Almodóvar, José Sacristán o Pilar Bardem se apuntan a la convocatoria de encierros en el campus de la UCM hasta el próximo 22 de abril. Es parte de las manifestaciones de apoyo a Baltasar Garzón. Ya existe incluso una canción de apoyo al juez de la Audiencia Nacional.

Los principales apoyos al juez de la Audiencia Nacional ya han anunciado una serie de encierros en la facultad de Relaciones Laborales de la UCM. Será de aquí al próximo 22 de abril, fecha en la que arrancará el juicio contra Baltasar Garzón. Caras conocidas como las de Juan Diego Botto, Ismael Serrano, Pepe Viyuela o José Sacristán apadrinarán los encierros en el campus de la Complutense.

UGT y CCOO ya han movilizado a miles de personas “contra la persecución a Garzón” y esto podría convertirse en rutina. Cándido Méndez (UGT), Ignacio Fernández Toxo (CCOO), Carlos Fernández Villarejo (ex fiscal anticorrupción) o Carlos Berzosa (rector de la Universidad Complutense) son algunos de los nombres más destacados en la primera manifestación de apoyo al juez celebrada en la facultad de Medicina de la UCM.

Juventudes Socialistas de España (JSE) también se ha sumado al acto convocado por los sindicatos para apoyar al juez de la Audiencia Nacional. El argumento que esgrimen en su defensa a Garzón no dista mucho del de el resto de organismos a favor del magistrado.

En el proceso contra Garzón hay “más razones políticas que jurídicas. Lo entendemos como un intento de coacción por parte de la ultraderecha a la libertad y a la independencia judicial”. Sindicatos y Juventudes Socialistas coinciden en su defensa.

El flanco sindical y el socialista coincide plenamente en su defensa al juez que intentó avanzar en la investigación de los crímenes de guerra durante el Franquismo. La derecha y gran parte de la prensa internacional ocupa el polo contrario.

El PP, en palabras del ultra derechista franquista María Dolores de Cospedal, considera “un atentado a la democracia” el apoyo de los sindicatos al juez que incurrió en prevaricación al declararse competente para investigar crímenes y desapariciones durante la Guerra Civil (1936-1939) y el Franquismo (1939-1975).


ANEXO

Artículo de Jaime Pastor, profesor de Ciencias Políticas y miembro de I.A.

El escándalo generado por el procesamiento al juez “superestrella” Garzón por su decisión de investigar las “desapariciones forzadas” bajo la dictadura franquista, dando así la razón a las acusaciones de “prevaricación” presentadas por sus herederos falangistas y similares, ha vuelto a sacar a la luz el debate sobre la transición política y , más concretamente, la significación de la Ley de Amnistía del 15 de octubre de 1977. Un repaso de la misma y del contexto en el que se aprobó viene a recordarnos de nuevo el carácter antimodélico de una “reconciliación nacional” que equiparó a víctimas y verdugos del franquismo.

Esa Ley vino a consagrar en realidad el primer “consenso” de la transición, el del olvido y el perdón sobre el pasado de forma, además, completamente asimétrica e injusta: así, si bien por un lado gracias al artículo 1 a) quedaban amnistiados “todos los actos de intencionalidad política, cualquiera que fuese su resultado, implicados como delitos y faltas realizados con anterioridad al día 15 de diciembre de 1976” (fecha del referéndum sobre la Ley de Reforma Política de Suárez, entronizada así como el punto de partida del “cambio” de régimen), en el artículo 2 e) se consideraba comprendidos en la amnistía “los delitos y faltas que pudieran haber cometido las autoridades, funcionarios y agentes de orden público, con motivo u ocasión de la investigación y persecución de los actos incluidos en esta Ley” y en el 2 f) “los delitos cometidos por los funcionarios y agentes del orden público contra el ejercicio de los derechos de las personas”. Se consagró de esta forma la eterna impunidad total de la dictadura y de sus crímenes a cambio de una amnistía parcial para quienes habían luchado contra el franquismo.

Porque es cierto que se consiguió que pudieran salir de la cárcel un buen número de presos y presas, incluso quienes habían cometido “delitos de sangre” antes de la fecha mencionada (pero ya no quienes los hubieran hecho entre la misma y el 15 de junio de 1977), que volvieran otras exiliadas o deportadas a terceros países y que se adoptara una amnistía laboral. Pero ni siquiera se logró la amnistía para los militares republicanos, los de la UMD y de las organizaciones antifranquistas de soldados que se habían extendido en los últimos años y tampoco se incluyó a las personas condenadas por adulterio, aborto, uso de anticonceptivos y homosexualidad. Han hecho falta más de 30 años, por cierto, para que se cerrara esa lista.

Fue, por tanto, una Ley de “punto final”, de olvido y perdón completamente injusta, ya que, equiparando a vencedores y vencidos de la guerra civil y a franquistas y antifranquistas, permitió la supervivencia de un aparato represivo que se ha ido reproduciendo hasta nuestros días y continúa especialmente presente en el poder judicial, como estamos comprobando y han corroborado buenos conocedores del medio, entre ellos Carlos Jiménez Villarejo. Trabajos recientes como los de Alfredo Grimaldos y Mariano Sánchez Soler han venido a rememorar también que los meses y años posteriores a esa Ley fueron todo menos “pacíficos”.

Lo peor es que, según recuerdan algunas crónicas posteriores, ese pacto había sido ya diseñado desde una reunión el 11 de enero de 1977 entre los principales representantes de la “oposición democrática antifranquista” y el propio Suárez1. Antes, pues, de someter a prueba hasta qué punto se podía modificar la relación de fuerzas en unos meses que fueron decisivos, aquéllos mostraban ya su disposición a hacer tabla rasa del pasado y a renunciar a reivindicar justicia por los crímenes de la guerra civil y la dictadura. Y, en efecto, pese a que los resultados de las elecciones de junio de 1977 fueron más lejos de las previsiones de los reformistas franquistas, y salvo excepciones como Francisco Letamendía en el Congreso y Lluis María Xirinachs en el Senado, todos los demás grupos mostraron su voluntad de alcanzar una “amnistía de todos y para todos”. En la proposición del grupo del PCE, por ejemplo, se postulaba la necesidad de “superar definitivamente la división de los ciudadanos españoles en vencedores y vencidos de la guerra civil”. Los nacionalistas del PNV y los pujolistas catalanes pidieron afrontar la nueva etapa “con olvido y superación de todo agravio pretérito”, fórmula recogida por el PSOE. Sólo el grupo de Alianza Popular mostraría reticencias que se irían suavizando hasta llevarle a no votar en contra de la Ley. Durante ese debate el PCE mostró, además, su protagonismo reivindicando su política de “reconciliación nacional” adoptada en 1956 y apostando abiertamente por el olvido y el perdón, llegando el entonces Secretario General de ese partido, Santiago Carrillo, a declarar en un mítin: “Queremos hacer cruz y raya sobre la guerra civil de una vez para siempre” (El País, 2/10/1977).

En resumen, la Ley de Amnistía fue uno de los frutos más amargos de la transición –y de la política de “reconciliación nacional”- que, como hemos visto, sigue gozando de buena salud y todavía se utiliza para impedir que crímenes de lesa humanidad imprescriptibles puedan juzgarse hoy. Convierte así a la transición española en “antimodélica”, como reconoce el conocido filósofo y cientista social Jon Elster en su investigación comparada: “El caso español es único dentro de las transiciones a la democracia por el hecho de que hubo una decisión deliberada y consensuada de evitar la justicia transicional”

Raúl Moreno de Paz (España)

Con motivo de los 75 años de la guerra civil española, en la clase de SCR, se ha hecho una breve incursión a este tema, siguiendo varios artículos de prensa.

La guerra civil española (1936/39) fue una guerra donde se desató una gran violencia. Aún hoy, las heridas que se abrieron en aquel momento, no se han cerrado. Casi diariamente la prensa nos da noticias de fosas abiertas por parte de familiares que desean saber dónde están enterrados sus seres queridos.

La guerra civil española hay que situarla en un contexto internacional poco favorable (Hitler estaba amenazando a Europa, las democracias europeas como Francia e Inglaterra tenía una posición débil; por otro lado, la Unión Soviética, con Stalin al frente, quería ayudar a implantar el comunismo en aquellos países en los que estallaran revueltas) España se encontró así en el medio de estos conflictos internacionales; sólo la URRS ayudó a la República mientras que Francia e Inglaterra se inhibieron y Alemania e Italia ayudaron al ejército de Franco.

Durante el conflicto, las “sacas, los “paseos” los asesinatos indiscriminados fueron algo cotidiano cuyo único fin era eliminar al enemigo.

Sobre las cifras de víctimas, ningún estudioso se pone de acuerdo. Según el historiador Julián Casanova, las victimas de la represión serían un@s 600.000; 100.000 corresponderían a la represión que organizaron los rebeldes contra el régimen legítimo de la República y 55.000 corresponderían a la zona republicana. A esto hay que añadir las personas que estaban en prisión y en los campos de concentración(unos 500.000) (1)

Los militares sublevados contra la Republica, pronto comenzaron una política de persecución y exterminio contra tod@s aquellos que consideraban enemig@s (anarquistas, comunistas, socialistas o cualquier persona que manifestara su desacuerdo…).

A esta violencia y represión se unieron terratenientes, burgueses… que aplicaban “su propia ley”. Pero también en la zona republicana se inició un proceso contra los patronos, los propietarios, los explotadores, el clero… Al principio no había reglas ni nadie hacia cumplir las leyes; era “la venganza por la venganza”.

Hay que señalar, y esto sorprende a todo estudios@ y analista, que en 1.931, con la proclamación de la II República, España vivió un clima de esperanza, de cambio, de gran ilusión y cinco años más tarde, España se debatía en una guerra desastrosa.

Del tema de la guerra civil, nos ha interesado, sobre todo, las consecuencias sociales. Todavía hay supervivientes que no han olvidado y que quieren recordar todos los sufrimientos que pasaron en aquellos años tan duros.

Las consecuencias de la guerra son múltiples, y en estos últimos años se esta haciendo referencia a asuntos que todo el mundo conocía pero que no habían salido a la luz pública. Es el caso de un hecho tristísimo: La ejecución de trece muchachas jóvenes en Madrid el 5 de Agosto de 1939 recién terminada la guerra; se les llamó “las trece rosas”, ellas fueron las víctimas de una represión terrible que ejerció el gobierno de Franco.

Estas trece mujeres, la mitad menores (la mayoría de edad en aquel momento era de 21 años), fueron ajusticiadas junto a 43 hombres en la tapia del cementerio del este en Madrid. A estas mujeres se les acusó de pertenecer a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) que defendieron siempre la legitimidad de la Segunda República.

Franco, una vez ganada la guerra, se propuso eliminar a tod@s aquell@s que se hubieran significado como demócratas liberales… lo que se comenzó a llamar despectivamente “roj@s” Eran momentos de gran tensión donde nadie se fiaba de nadie y donde se propiciaban cada día muchas delaciones. Las “trece rosas” fueron víctimas de ese odio terrible que se desató en España durante los años 1.936/39. Ellas fueron elegidas para morir, de entre las 4.000 reclusas que se agolpaban en la cárcel de Ventas de Madrid. ¿Por qué fueron elegidas ellas y no otras? Todavía no hay una explicación clara.

Algunas de las compañeras de esas “trece rosas”, explican que aquello era terrible, recuerdan con horror las noches de “saca”; salían todas a la galería con muchísimo miedo, para ver quiénes eran las “elegidas” para morir. Coinciden en que la postguerra fue peor que la guerra y que las humillaciones que sufrieron son inenarrables, pero no sólo sufrían ellas, también sufrían l@s familiares a los que se perseguía y se humillaba. Este episodio fue uno de los más crueles de la represión franquista.

Hoy se esta haciendo “justicia” a esas trece mujeres que lucharon por mantener sus ideales, se están revisando los procesos, se escriben libros sobre su triste historia, se graban documentales… Estos estudios e investigaciones se están llevando a cabo, ahora, después de que hayan transcurrido casi 70 años y 25 años de transición política en España. Esto quiere decir que las fosas que se abrieron entonces aún no han sido cerradas; es más, siguen abiertas. Los familiares de estas mujeres y de otr@s muchos represaliad@s están exigiendo justicia y que el nombre de sus familiares sea recordado como víctimas de algo que nunca debió de ocurrir y que no debería de ocurrir nunca más. La venganza por la venganza, el exterminio por el exterminio crean un sentimiento de impotencia y de gran sufrimiento que tarde o temprano aflorara y nunca será nada positivo.

Las consecuencias de una guerra civil son siempre negativas para la población, que en definitiva es la que sufre, perviven durante generaciones y las heridas abiertas son difíciles de restañar, sobre todo, cuando la represión fue tan feroz y duró tantos años.

Última modificación: 14 de abril de 2010 a las 03:04
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